domingo, 7 de julio de 2013

Querido Dios.



Dios ¿qué es lo que está pasando contigo? Creo que tengo el derecho a preguntar el por qué de tu ausencia. Más que ausencia, veo cierta pasividad y permisividad con nosotros, los humanos.

¿No te duele tu creación? ¿No ves que la estamos destruyendo? Peor aún, no ves que nos estamos destruyendo entre nosotros. Creo que es hora de que intervengas. Sé que nos diste el libre albedrío y que, según las escrituras, nos hiciste señores de tu creación… bueno, de una parte, porque aún no llegamos a los confines del universo.

Antes que otros me critiquen, tú me conoces muy bien. Soy Católico: Bautizado, Confirmado, con Primera Comunión… te doy gracias porque me tocaron unos padres excelentes; con sus virtudes y defectos, como cualquier ser humano, pero muy buenos; que se han encargado de sembrar valores muy parecidos a los promulgados en una de tus tantas manifestaciones filosóficas llamadas religiones. Porque si, para mí, no hay religión verdadera, todas las religiones son caminos que conducen a ti y por eso, las respeto. Todas tienen sus cosas buenas y malas, porque son humanos los que interpretan tus palabras. También soy de las personas que no le tiene miedo al Infierno, por lo tanto, mi obrar es medianamente bien porque me gustan tu filosofía: Amar al prójimo. Lo hago por un motivo bastante egoísta: Se siente bien. Ahora ¿qué tenían los humanos de la antigüedad para que te les presentaras y les hablaras? Antes te manifestabas muy a menudo: Una zarza ardiendo en medio del desierto, separabas mares, convertías bastones en serpientes demostrar tu poder ante faraones que sometían a tu pueblo elegido… ¡hasta entregaste sendas tablas de piedra con tu ley! ¿Por qué ese pueblo era más digno que tu pueblo de hoy? Ey, es hasta más grande hoy día: Somos unos cuantos miles de millones.

Luego, hace 2013 años exactamente, enviaste a tu hijo: Jesús. Él nos hizo entender que todo lo que estaba escrito hasta ese día había sufrido tantas modificaciones que tergiversaron tu mensaje. Tanto así que ese Dios de las Antiguas Escrituras, ese Dios Vengador que nos pintaron los Judíos, no eres tú. Tú eres el Dios de Amor: Ama a Dios por sobre todas las cosas y ama a tu prójimo como a ti mismo es la buena noticia, el Evangelio.

Pero los tiempos cambian y la gente ha olvidado el mensaje. Por mucho que se les hable de amor acá lo que hay es corrupción, apatía, injusticia. Hace falta que intervengas. Ya siento que no escuchas oraciones. ¿Por qué estás dejando que mueran inocentes? Donde vivo, hace pocos días mataron a una niña y a su mamá. El día de ayer encontraron niños descuartizados. Sólo dos casos puntuales que exigen una explicación. No quiero creer que es por culpa de la “libre voluntad”. Entiendo que nos diste la libertad de elegir, pero si ves que las cosas no están bien, una intervención tuya no está nada mal ¿dónde está tu omnipotencia? Esas y otras tantas cosas no deben pasar: Hay hambre, Dios. Hay guerras. Hay corrupción. No quiero que los que divulgan tus palabras me hagan rendir culto a la muerte. No quiero morir para empezar a vivir mejor bajo la promesa de un Paraíso. No quiero más injusticias. ¡Por ti, intervén! ¡Hace falta tu justicia! ¡Ya basta de que la gente de mala voluntad se salga con la suya! ¡Estamos desamparados!

¡No nos dejes solos, por ti, no nos dejes solos!... no nos dejes solos… no quiero dejar de creer en ti.

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