miércoles, 13 de agosto de 2014

A la Señora Adela por Adelis Maldonado.



La Vida es un andar, un caminar. Y en ese andar, conocemos a seres que, con su vivir, revelan la grandeza que nos hace mostrar lo que significa ser creado por el Gran Arquitecto de la Vida: Dios.
¡Qué misterio más hermoso conocer a los demás para conocernos a nosotros mismos! De allí la expresión tan cierta de Jesús: “Quien dice amar a Dios, a quien no ve, y no ama al prójimo, a quien si ve, es un farsante”.

Sediento de aprender, ávido de estudiar para llegar a ser una persona capaz de enfrentar con posibilidad de éxito los embates de la vida, salí de las cálidas tierras de mi querido Pedregal, a estudiar en el recién creado Instituto Universitario de Tecnología de Coro (IUTC). Busqué sitio dónde quedarme y, en esa búsqueda, el guiador de la Vida (el Espíritu Santo), me llevó al Callejón Cuba, a la casa María Adela. ¡Qué grande es la bondad divina! Porque en esa casa vivía, siendo dueña, una familia Pedregalera. ¡Un pedregalero nunca niega asistencia al que le solicita ayuda! Y quién iba a pensar que allí aprendí lo poco que se de estudio y de vivir. Porque Doña Adela me brindó no sólo paredes para vivir y dormir, no sólo las exquisitas comidas para la buena alimentación sino algo más, su experiencia de vida. Una experiencia que marcó mis futuras responsabilidades como jefe responsable de una familia. Asumir las responsabilidades de Padre y Madre, levantara su único hijo y convertirlo en excelente persona, ganarse el afecto y respeto de la comunidad, es sólo una pequeña muestra de valor humano de quien, con una sonrisa en los labios, me recibió en su hogar, para poder con ello, llegar a culminar mis estudios universitarios.

¡Cuántos recuerdos están represados en mi corazón! ¡Cuántas vivencias tengo de ese convivir! No fue una relación de Ama de Casa a Alojado ¡no! Fue un trato de amigo a amiga. Alguien como yo, estudiante entonces, y toda un Señora, que estimulaba y enseñaba con su vivir lo que es la Vida. Alguien a quien jamás podré pagar lo que por mi hizo.

Ella, la Señora Adela, ha fallecido. Se fue a la casa de Papá Dios. Recibió su llamado: ¡Ven, Sierva Fiel y buena a disfrutar del banquete del Señor! A ese Paraíso eterno se nos fue Doña Adela. Como ser humano, siento tristeza y dolor por su partida, pero como Cristiano, aceptador de la voluntad de Dios, elevo plegarias al Altísimo para, a través de ellas, pedir la bondad del Padre por quien fue para mí, modelo de nobleza y de grandeza. Una verdadera hija de María, la madre de Jesús y madre nuestra.

Consuelo a su prole, a Víctor, mi amigo, y a todos sus familiares. Los que tuvieron la oportunidad de conocerla y quererla, a todos ellos, mi afecto y solidaridad de amigo y hermano de fe. A Doña Adela: Paz a su Alma.

Gracias Sr. Adelis por tan bellas palabras para con mi abuela adorada, mi viejita.

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