martes, 22 de octubre de 2013

Sobre lo Fácil, lo Complicado y el Valor.



Hace pocos días tuve un debate con una de las personas que más quiero, adoro y aprecio en éste mundo. Ella abrazaba la complejidad como forma de estimar lo ganado en la vida. Ciertamente, el ser humano tiende a apreciar lo que con mucho trabajo ha obtenido pero ¿es realmente lo complicado lo que vale la pena?

Surgieron varias ideas, muy buenas, por cierto. Ella se aferraba a su pensamiento, lo cual es completamente válido. Otro amigo dio luz sobre lo circunstancial que puede resultar lo “fácil” y lo “difícil”, en lo que sencillamente tuve que estar completamente de acuerdo. “La única verdad absoluta es que todas las  verdades son relativas”, nada más lejos de la realidad. De todas maneras lo que quiero exponer en esta entrada es mi punto de vista.

Lo “fácil” y lo “complicado” nada tienen que ver con el valor (no precio) que uno tiene hacia las personas/animales/cosas. Lo complejo y lo complicado a veces produce resultados no deseados. Lo que realmente importa es el valor y el compromiso. Lo demás son sólo "grados de dificultad".

El problema es que la gente tiende a complicar todo y lo hacen porque llegan al punto en que se dan cuenta que el mundo real no es tan complejo como se pensaba… y eso es triste. Si vamos al caso más básico ¿cuál es el propósito de la vida? (y no creo que sea 42) Pues "fácil"... ¡vivir! 

La vida es el período antes de una eternidad, y se encuentra entre dos "no existencias" entonces ¿para qué complicar todo? Igual vamos a terminar muertos. Lo que pasa es que el ser humano, al tener consciencia de la muerte y tal vez con cierto dejo de arrogancia, quiere encontrarle sentido a algo, lo que lo hace sentirse superior. Somos una especie más dentro del universo (Multiverso, quizás) y, como especie, no estamos por fuera del círculo de la vida: Nacer, crecer, reproducirse y morir. Lo demás son artificios humanos que llenan de satisfacción aprendida (Ego) para no sentirnos al mismo nivel que las otras especies.

Así lo veo.

The Meaning of Life (El Significado de la Vida)


Comer, Sobrevivir, Reproducir...

miércoles, 9 de octubre de 2013

Miércoles Nostálgico: Batman, La Serie.



“No te pierdas la conclusión de esta Batiaventura, a la misma Batihora y por el mismo Baticanal”.

Hay frases en TV que son icónicas. La de más arriba es una de ellas. Así era como concluía cada tarde una de las series que, sin duda, forma parte del imaginario de la cultura Pop: Batman.

La serie la disfruté de muy niño y, gracias a TCM tuve la oportunidad de verla de  adulto nuevamente. Ahora, si muchos la llegaran a ver, no les parecería gran cosa, incluso he llegado a escuchar como la desprecian como serie ya que se han acostumbrado a que el “verdadero” Batman es el de Nolan. La serie es una parodia de los comics psicodélicos de los 60, tanto así que, al momento que cualquiera de nuestros héroes da o recibe un golpe, aparece una viñeta haciendo la onomatopeya del sonido… ¡eso es totalmente CAMP!

La serie comienza a gestarse a principios de los 60 cuando Ed Graham Productions compra los derechos de Batman y planea sacar adelante una serie de aventura juvenil en el estilo de Adventures of Superman o El Llanero Solitario, para transmitirlo los sábados en la mañana, horario especial para ese tipo de producciones en los EEUU. Originalmente, Batman sería interpretado por el jugador de fútbol americano y actor Mike Henry, buscando una interpretación más dramática del personaje. Al mismo tiempo, el Play Boy Club (un club perteneciente a la cadena de Empresas Play Boy) en Chicago presentaba los sábados por la noche las series Batman de 1943 y Batman y Robin de 1949, con un rotundo éxito. Un ejecutivo de la costa este de la ABC, Yale Udoff,  un fanático desde niño del héroe, asistió a una de esas fiestas en el Play Boy Club y se sorprendió con la reacción de la gente que veía la serie. Contactó a los ejecutivos de la ABC, Harve Bennett y Edgar J. Sherick, quienes también consideraron desarrollar la serie pero, en vez de planificarla para los sábados en la mañana, decidieron arriesgarse a transmitirla en el Prime Time, pero de una manera divertida y entretenida. Cuando las negociaciones entre la CBS y Graham no prosperaron, DC Comics aprovechó en recuperar los derechos, logrando hacer un nuevo acuerdo con ABC los cuales cedieron a 20th Century Fox para producir la serie.

En la 20th Century Fox, contrataron a William Dozier y su Greenway Productions para darle luz verde al proyecto. ABC y Fox esperaban que la serie fuera divertida pero que mantuviera un tono serio. Dozier, que en su vida había leído un tomo de Batman concluyó, tras leer muchos comics investigando para el show, que la única forma que el programa diera resultado, era crear una comedia de POP ART CAMP cuando, irónicamente, los comics habían experimentado un cambio en las ediciones hacia el regreso a las raíces del personaje, las cuales estaban marcadas por historias detectivescas serias tras muchos años de lucha contra extraterrestres, viajes dimensionales, magia y animales parlanchines. Originalmente, el escritor de novelas de espionaje Eric Ambler fue contratado para realizar una película para que fuera  el piloto de la serie de TV pero, al conocer las intenciones de Dozier, renunció. También se hicieron dos “pruebas de pantalla”, es decir, probar cuales parejas de protagonistas se veían mejor: Una con Adam West y Burt Ward y la otra, con Lyle Wagooner y Peter Deyell como Batman y Robin, respectivamente, resultando la de West y Ward con la de mejor química en TV.

Cada aventura del “Dúo Dinámico” era contada en dos episodios, en el cual el primero siempre terminaba con Batman y Robin en apuros, momento en el cual el narrador (que era el mismo Dozier, haciendo parodia de las novelas radiofónicas de la década de los 40) usaba la frase, con cierto tono de suspenso: “No te pierdas la conclusión de esta Batiaventura, a la misma Batihora y por el mismo Baticanal”, lo que obligaba al espectador a sintonizar la próxima aventura para ver como nuestros héroes sorteaban el problema y, en el episodio siguiente, siempre lograban vencer al “Bativillano” de turno. Así de simple, sin tantas pretensiones. Como mencioné, las pelea eran épicas por el tono cómico al insertar las onomatopeyas de los golpes, cual viñeta de comic. También pegó mucho la frase: “¡Santa… (cualquier cosa), Batman!”, usada por Robin. Incluso, en la película Batman Forever, dirigida por Joe Shumaker, hacen tributo a la frase.  La canción de entrada de la serie es reconocida a nivel mundial. Tiene el Batimóvil más genial de todos los tiempos (¡Sí, Compa, tu sabes que es así! El Batihummer de Nolan no rulea), un prototipo modificado de un Ford Futura. Adam West se convirtió en un ícono actoral, todos saben quién es (menos Penny en The Big Bang Theory), ¡hasta apareció en un episodio de Los Simpsons! Creo que el Sr. West no le ha molestado para nada ser reconocido por ser Batman. Su caracterización del personaje ha calado tanto que hasta Nick Cage en su papel de Big Daddy en Kick-Ass habla como lo hacía el Batman de la Serie. Tan emblemático es este Batman que en el video juego Batman: Arkham Origins aparecera el Batitraje.

De la serie podrán hablar lo que quieran pero no le quita lo genial. Se tiene que ver como lo que es: Una parodia.

La serie fue transmitida, originalmente, desde el 12 de Enero de 1966 hasta el 14 de Marzo de 1968, con un total de 120 episodios, divididos en tres temporadas de 25 minutos cada uno. No la tomen en serio, sencillamente, disfrútenla.



Logo del Título de la Serie.

El Dúo Dinámico junto a los Bativillanos Icónicos.
El Dúo Dinámico junto a los Bativillanos Icónicos.
Afiche de la Película de 1966.



Bativillanos.


Adam West

Bruno Díaz (Bruce Wayne) de Adam West.
 
Adam West.


Foto Promocional de la Serie.

Batman (Adam West), Robin (Burt Ward) e Yvone Craig (Batichica).

Burt Ward.
Burt Ward.


Bárbara Gordon/Batichica (Yvone Craig).
EL Batimóvil.
EL Batimóvil.


Batitraje en Batman: Arkham Origins (disponible para PS3).


Intro de la Serie:


miércoles, 2 de octubre de 2013

Miércoles Nostálgico: La Historia Sin Fin.



“La Nada está destruyendo nuestro mundo.”

Era por allá, 1986… estaba en el Colegio, en un evento… creo que era una Verbena, cuando presentaron en video la película: La Historia Sin Fin. Si, recuerdo haberla visto en un televisor gigante (24 pulgadas) para la época y en uno de los salones de diversificado… uno de los que sería mi futuro salón de clases.

La Historia Sin Fin, conocida también como La Historia Interminable (los amigos españoles y sus nombres) es una película de género fantástico alemana de 1984, dirigida por Wolfang Petersen que fue un éxito rotundo a nivel mundial. Está basado en el libro del mismo nombre cuyo autor es Michael Ende.
Se han filmado dos películas más y han conformado una trilogía pero, de verdad, no las he visto y, por lo que comentan, la segunda vale la pena pero la tercera se deslinda del argumento original del libro. De hecho, Michael Ende no quedó conforme con los resultados por lo que pidió que su nombre no fuera usado en los créditos. La novela es de 1979 y fue traducida a 36 idiomas.

La trama nos narra las peripecias de Bastian Baltazar Bux, huérfano de madre pero que vive con su padre, quien es víctima de acoso por parte de sus compañeros de clase. Un día, huyendo de su acostumbrada paliza se esconde en una librería. El librero, el Sr. Koreander, le comenta sobre un peligroso libro llamado La Historia Sin Fin. El niño, como buen niño travieso, no puede evitar caer en la tentación y lo busca. En el momento que el librero se descuida, este lo esconde en su morral y se lo lleva, “tomándolo prestado”. Logra esconderse en el viejo ático de la escuela y comienza a leerlo. El libro trata sobre Atreyu, el joven guerrero elegido para salvar al mundo de Fantasía de la maligna Nada, que va destruyéndolo el reino lentamente. Bastian se sumerge en el libro de tal manera que no puede dejar de leerlo. Viviendo totalmente las aventuras de Atreyu y todos los seres fantásticos tales como Enanos, Caracoles, Montañas y Dragones de la Fortuna, llega al punto de la historia donde todo parece perdido y es cuando se da cuenta que el héroe en el cual tenía puestas las esperanzas no era Atreyu sino él mismo.

Para poder salvar a la Princesa, y con ello a Fantasía, Bastian, a petición de los personajes de la historia, debe gritar el nuevo nombre para la Princesa: Hija de la Luna. Al hacer esto, el niño se encuentra cara a cara con la Princesa y ésta le entrega en sus manos una semilla, que es todo lo que queda de Fantasía. La Princesa le dice a Bastian que tome la semilla y pida un deseo para un nuevo mundo. Lo hace y Fantasía comienza a florecer nuevamente.

Para 1984, sabemos que los efectos especiales no se hacían como ahorita, con CGI, por lo tanto ésta película tiene un gran mérito en ese aspecto. Para la creación de todas las criaturas tuvieron que hacer algunas a escala real y otras en un tamaño adecuado para que un actor pudiera meterse en el traje, como por ejemplo, el de la montaña. El trabajo de maquillaje es impresionante también. La película está llena de efectos físicos. Algunas criaturas son de tal complejidad que necesitaron ¡de hasta 15 titiriteros! En la ciudad del Cine de Baviera, se encuentra el muñeco de Falkor, el Dragón de la Fortuna.

Esta película es excelente, sin dudas. Si no la han visto, dense la oportunidad.

Acá les dejo algunas imágenes y el video de la canción, interpretada por Limahl, que fue el OST para la versión norteamericana.

El Auryn 

Falkor 

Falkor y Atreyu

Afiche 




Neverending Story por Limahl:



 


martes, 1 de octubre de 2013

Entre Brutos y Vivos.



Quiero compartir con ustedes éste artículo, publicado en El Universal y firmado por @ariadnaclara el 03 de Julio de 2013. Aunque el título a algunos les podría parecer chocante, nada más lejos de la verdad.

Entre brutos y vivos

Los brasileros armados de valor y valores, luchando por sus derechos soñados, hacen que Venezuela parezca más patética y vergonzosa que nunca.

Feliz con ser un pueblo miserable, sin productos básicos que nos hacen humanos, seguimos arrastrando los pies ante la destrucción anunciada de patria, país y pueblo.

Xavier Reyes Matheus en su reciente artículo de La Razón, nos recuerda las teorías de Crane Brinton & Stefan Zweig sobre revoluciones e identidades latinoamericanas. Zweig en su libro sobre Brasil escribió “un país que no acaba de tener una visión de su conjunto…”. Eso era antes. Hoy luchan por un ideal prometido,  juntos e inamovibles.

Pero esto me hizo pensar. ¿Qué hace que en 14 años no hayamos triunfado contra la opresión, no tengamos reconocimiento internacional, no tengamos democracia, y no hayamos perdido los pocos espacios de libertad que nos quedaban?

No tenemos una visión colectiva de lo que queremos ser.

Orgullosos de ser pobres y vivos, se nos hace difícil luchar por la legitimidad de nuestras opiniones y el castigo de la ley.

Los vivos, sin partido ni clase social, acostumbrados a la raqueta, soborno, chanchullo e ilegalidad son felices con la posibilidad de hacer dinero fácil. Su lucha contra el gobierno rojo llega a medias, porque su identidad personal no está libre de las mismas acusaciones que le hace al gobierno.

Los que gritan “con hambre y sin empleo, con chávez me resteo”, traen un triángulo de culpa de todos sus males. La culpa es del otro gobierno, la culpa es de los ricos, la culpa es de los adecos, la culpa es del señor de la esquina. Su lucha llega a medias, porque su identidad viene completamente desprendida de sí mismos. No llevan ni sienten responsabilidad por sus acciones propias lo cual hace imposible el cambio. Sólo los motiva la destrucción del culpable.

Lo que no acabamos de entender es que las grandes guerras se ganan con sueños de libertad. Con una visión de lo que podemos ser “juntos” y lo que debemos ser juntos. Esta visión majestuosa viene con un precio, con sacrificio de nuestras identidades personales en función de una colectiva.

Pero por sobre todo con imaginación y valor.

Sueños grandiosos de Venezuela y disposición a luchar hasta ganar.

Éste artículo, sin duda, expresa muy bien el por qué el país no sale de abajo: No pensamos en el bienestar colectivo, de país, sino en la comodidad personal. Si los venezolanos están orgullosos de ser “vivos”, no se han preguntado para qué les ha servido esa “viveza” ¿será que ahora somos mejores que hace años? ¿La calidad de vida ha aumentado? ¿No has sido tú o cualquier familiar o incluso uno de tus amigos, asaltado para quitarle un teléfono, por ejemplo? ¿Nunca has asistido a un velorio de un familiar, amigo o conocido al cual el hampa le quitó un ser querido? ¿No has hecho o haces cola para comprar bienes de primera necesidad? ¿Has conseguido un trabajo bien remunerado o pagado de acuerdo a tu preparación? ¿Nunca se te va la luz?... No, pero entonces mucha gente prefiere ir a Perú a raspar el cupo CADIVI y venderlos en el mercado paralelo para sacar una buena tajada de una moneda que no sirve porque a los pocos días vale menos.

No sé ustedes pero siento que entre los vivos, los mafiosos y los resentidos van a destruir el poco país que nos queda… ¿será que son mayoría?